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Estudio de las mujeres inmigrantes extranjeras en la sociedad vasca

Emakunde-Instituto Vasco de la Mujer ha presentado el “Estudio sobre las mujeres inmigrantes extranjeras de la sociedad vasca”, cuyo objetivo ha sido describir el panorama de las mujeres inmigrantes extranjeras de la sociedad vasca, profundizando en sus aspectos clave. Con independencia del creciente volumen de personas nacionalizadas, 144.500 personas residentes en la CAV son personas extranjeras, es decir con nacionalidad no española, lo que supone un 6,4% de su población total. Si pudiéramos computar con cierta garantía las personas de origen extranjero que durante estos últimos años han accedido a la nacionalidad española, estaríamos probablemente hablando de un 8% y de más de 175.000 personas de origen extranjero residiendo de forma estable.


Por sexos, en la CAV, según los datos del INE, es ligeramente mayor el porcentaje de mujeres entre la población de nacionalidad española (51,3%) que entre la extranjera (48,6%) . Más de 70.200 mujeres residentes de la CAV son extranjeras. Por orígenes, la población más feminizada corresponde a la que proviene de Latinoamérica: seis de cada diez personas inmigradas de este origen son mujeres. Este es un dato muy relevante porque, en el conjunto de la CAV, una de cada cuatro personas inmigrantes es mujer latinoamericana, sin lugar a dudas el tipo más frecuente porque la CAV representa un tipo de inmigración que induce la presencia de mujeres para determinados segmentos del mercado del empleo: los servicios y los cuidados.


Según se desprende del estudio, el flujo inmigratorio normalmente está más regulado socialmente de lo que a primera vista parece y termina ajustando con un grado alto de precisión necesidades en destino con potencialidades en origen. Desde ahí se entiende la opción que la sociedad vasca implícitamente realiza a favor de la población latinoamericana, y cómo la aportación de ésta se realiza en parámetros cada vez más feminizados. Como toda elección supone un descarte, como contrapartida, la población femenina africana, por distintos motivos, tanto la norteafricana como la subsahariana, parece tener mayores riesgos de estancamiento y de potencial exclusión. Los dos grupos que mayor vulnerabilidad presentan y que plantean retos de gran calado son: las mujeres africanas en un determinado plano y las chinas en otro.


De cada diez mujeres inmigrantes, cuatro están ocupadas en el servicio doméstico (su tiempo de trabajo doméstico asalariado ha permitido obtener tiempo de trabajo mercantil a muchas familias vascas) y más de tres están ocupadas en el comercio y la hostelería. En suma, la llegada de las trabajadoras extranjeras ha permitido gestionar los otros dos cambios estructurales de mayor calado en la CAV: la creciente incorporación de las mujeres al mercado de trabajo y el grave problema de envejecimiento poblacional. Probablemente, su aportación potencial queda cuarteada porque casi un tercio de estas mujeres están sobrecualificadas con respecto al trabajo que realizan.


Radical motivación laboral de las mujeres inmigrantes


Los datos de aportación e incidencia económica nos señalan la radical motivación laboral de la inmigración de las personas extranjeras. En consecuencia, sea en forma regular o clandestina, a través de diversos medios, a través de aportación directa o de impuestos indirectos, las mujeres extranjeras generan renta y riqueza. Como es bien sabido, en este proceso los cimientos comienzan desde la tasa de actividad, doble en las mujeres extranjeras que en las autóctonas. En consecuencia, generan, al menos el 1,7% de la renta que se genera en la economía vasca y son contribuyentes netas a la hacienda vasca.


Las mujeres inmigrantes inciden en la situación económica a través de su actividad como trabajadoras y como consumidoras. Los ingresos del trabajo representan 3 de cada 4 euros que ingresan las mujeres extranjeras en Euskadi. Por su parte, el consumo de las mujeres extranjeras en 2010 generó unos ingresos fiscales que se estiman, en relación con el IVA, en 45,2 millones de euros.


Esta actividad de generación de riqueza y de contribución a la demanda agregada tiene un claro impacto fiscal. Las aportaciones fiscales de las mujeres extranjeras en Euskadi, estimadas en 224,1 millones de euros, es muy superior a los ingresos que perciben por rentas no laborales, como ayudas sociales o prestaciones por desempleo, que alcanzan en 2010 los 142,3 millones de euros. La diferencia es suficientemente amplia como para concluir que las mujeres extranjeras son contribuyentes netas a la hacienda vasca.


Además, la concentración del empleo de trabajadoras extranjeras en las actividades de servicio doméstico, comercio y hostelería ha sido fundamental para facilitar la transición laboral de las mujeres vascas, que han pasado de una tasa de ocupación del 38,7% en 1998 al 58,7% en 2010, y para mantener el crecimiento y competitividad de los servicios intensivos en mano de obra.

07/07/2012