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Ante el incremento del consumo de drogas entre las mujeres mexicanas

INMUJERES cree necesario fortalecer la investigación en materia de adicciones con perspectiva de género
El uso de sustancias adictivas, legales e ilegales, representan un problema de salud pública que puede afectar a las personas en cualquier edad o estrato social; generalmente, se había considerado que el consumo de drogas era un fenómeno predominantemente masculino. No obstante, en los últimos años se ha observado su incremento entre las mujeres.

29/06/2011

Persiste todavía una desigual e injusta consideración social de la mujer en relación con el hombre: se le juzga con menos indulgencia, se considera más grave su degradación moral y se contempla con mayor severidad la alteración de su papel en la familia. Al devenir una adicción en la mujer, se trastornan completamente sus funciones de ama de casa, madre y esposa. Una mujer adicta no es tolerada durante mucho tiempo por su pareja e hijos. En las mujeres el abuso de psicofármacos, no suele ser considerado como un problema importante, dado que se consume en el contexto privado.

Si bien el consumo de drogas ilegales es mayor en los hombres (en una proporción de 4.6 hombres por cada mujer), el índice de crecimiento es mayor en las mujeres entre las cuales el consumo de drogas ilegales se duplicó, aumentando de uno por ciento en 2002 a 1.9 por ciento en 2008, mientras que el consumo en hombres solamente se incrementó de 8 a 8.8 por ciento. En las mujeres disminuyó el consumo de drogas médicas fuera de prescripción (1.2 a 0.8%) pero casi duplicó el de drogas ilegales (1.0 a 1.9%), según la información de la Encuesta Nacional de Adicciones, 2008.

De acuerdo con la Encuesta Nacional de Adicciones 2008, entre los adolescentes de 12 a 17 años, 2.1 por ciento de los hombres y 0.9 por ciento de las mujeres consumieron alguna droga ilegal en el último año; para los adultos jóvenes de 18 a 34 años los porcentajes fueron 3.3 por ciento para los hombres y 0.9 por ciento para las mujeres; y entre la población de entre 35 y 65 años, los porcentajes fueron de 1.4 por ciento y 0.1 por ciento, respectivamente.

Los problemas que presentan las mujeres a consecuencia del abuso de drogas, tienen una mayor gravedad, por ello, es necesario plantear estrategias de prevención y atención y la elaboración de protocolos y manuales de sensibilización desde la perspectiva de género en materia de adicciones.

Consumir drogas no tiene el mismo significado para hombres y mujeres, ni es valorado del mismo modo por los demás. Mientras que en el caso de los hombres el consumo de drogas es percibido como una conducta natural, social y culturalmente aceptada (salvo en casos extremos donde la adicción a las drogas aparece asociada a conductas violentas, temerarias o antisociales), entre las mujeres supone un reto a los valores sociales dominantes. Por ello, las mujeres adictas a las drogas soportan un mayor grado de sanción/reproche social que los hombres, que se traduce en la presencia de un menor apoyo familiar o social.

La estigmatización de las mujeres con problemas de adicción a las drogas refuerza su aislamiento social, a la vez que favorece la ocultación del problema y la ausencia y/o demora en la solicitud de ayuda para superarlo. Son reiteradas las evidencias que señalan que retardan la solicitud de ayuda hasta el momento en que las consecuencias sobre su salud física y mental o en su vida familiar, social o laboral alcanzan una entidad tal que las hace insostenibles.

Entre la población de 12 y 65 años que consume drogas, 18.1 por ciento de los hombres y 9.8 por ciento de las mujeres consultó a algún profesional de la salud.

Las mujeres con consumos problemáticos de drogas perciben con más frecuencia e intensidad que los hombres que han fracasado a nivel personal, familiar y social, que han sido incapaces de desempeñar satisfactoriamente el papel que les ha sido asignado: ser una buena madre o una buena ama de casa. Las consecuencias de esta vivencia suelen ser la desvaloración personal, las tensiones y conflictos familiares, cuando no la violencia familiar.

Para fortalecer las políticas públicas en materia de adicciones con perspectiva de género es necesario mejorar la efectividad del tratamiento en mujeres, así como generar información sobre la situación y los determinantes de las inequidades de género en el ámbito de la salud, logrando que esta información sea comprensible para las personas responsables de los ámbitos políticos y de planificación así como para profesionales de la promoción de salud. Debe también promoverse la movilización en apoyo de las acciones dirigidas a una mayor equidad en salud, así como definir los mecanismos institucionales a través de los cuales estas prioridades puedan incorporarse de manera democrática y sostenible dentro del proceso de gestión de las políticas públicas.
29/06/2011